Casa SM: vivir a la altura del viñedo
En San Miguel de Allende, una casa de piedra, ladrillo y madera organiza sus espacios para mirar hacia las vides. Una lectura de sus terrazas, bóvedas y lugares para permanecer.

En Casa SM, el paisaje aparece desde una posición cercana a la vida cotidiana: al sentarse en la sala, acercarse al comedor o salir a la terraza. La casa de Antonio Farré en San Miguel de Allende se extiende para ofrecer distintas maneras de mirar hacia el viñedo. Su presencia material es firme, pero los espacios que se abren bajo los techos conservan una escala para conversar, leer o quedarse mirando.
El reportaje de Karine Monié en AD México explica que el proyecto se pensó inicialmente como casa de fin de semana, con la posibilidad de convertirse en residencia permanente. Esa doble condición resulta útil para leer las fotografías: los lugares de reunión son generosos, mientras los recorridos y la relación entre estancias permiten imaginar un uso diario.
Una distribución que empieza por la vista
una vista excepcional al viñedo
Así describe Antonio Farré el objetivo de las ventanas en su conversación con AD. La planta lineal responde a esa intención: la orientación de los espacios permite que la presencia de las vides acompañe distintas actividades.

La terraza muestra una forma concreta de construir esa relación. La sombra de la pérgola modula el suelo, mientras el borde abierto mantiene el horizonte a la altura de la mirada. Un techo permite permanecer afuera durante más tiempo; los muebles acercan ese espacio al uso de una sala. El paisaje está al fondo y también participa en la luz que llega al primer plano.
Piedra, ladrillo y el peso de una sombra
La publicación Casa SM: Living Between Bricks and Vine, de InMexico, identifica el diálogo entre ladrillo y viñedo como parte del carácter de la vivienda. En las imágenes del estudio, el aparejo y las juntas introducen una medida pequeña dentro de superficies amplias. La construcción se puede leer de cerca: hay textura, variación y encuentros que cambian con la sombra.

Bajo una bóveda, el techo deja de ser un plano distante. La curvatura concentra la atención y lleva la vista hacia los extremos de la estancia. La luz lateral acentúa el relieve del ladrillo. Frente al jardín, esa superficie envolvente ofrece una sensación de resguardo; mirar hacia afuera desde ella tiene una intensidad distinta a hacerlo desde una terraza abierta.
Una sala para mirar y permanecer

El vidrio de piso a techo permite que las estancias conserven la vista cuando se está sentado. El muro de piedra introduce un respaldo visual, y la madera del piso aporta una escala y una temperatura cromática diferentes. Son relaciones sencillas de reconocer en una imagen: una superficie protege, otra deja pasar la mirada y una tercera acompaña el cuerpo al caminar.
El reportaje de AD señala la estructura de concreto y los muros de mampostería, así como el uso de madera de roble. Esos datos ayudan a distinguir la organización constructiva de lo que primero llama la atención en las fotografías. La atmósfera resulta del trabajo entre ambas escalas: estructura y acabado, grandes luces y juntas, paisaje y objetos de uso.
El recorrido cambia al anochecer

Cuando la luz exterior baja, los pasos y las aberturas ofrecen otra lectura de la casa. Los interiores iluminados permiten seguir visualmente un trayecto a través del vidrio, mientras el volumen de piedra y ladrillo adquiere más peso. El recorrido se reconoce por su profundidad, por las luces y por la continuidad de los materiales.

La galería completa de Casa SM permite continuar por sus fachadas, la sala y los corredores. Vista en conjunto, la casa propone varias distancias respecto del viñedo: la del gran ventanal, la sombra de la terraza y el espacio recogido bajo una bóveda. Habitar ese paisaje consiste también en poder elegir desde dónde mirarlo.


