Antonio Farré: una arquitectura que se aprende caminando
De las primeras visitas a obra a una práctica construida proyecto a proyecto: las conversaciones de Farré revelan una forma de trabajar basada en observar, corregir y volver a empezar.

Antes del estilo, la práctica
Antonio Farré cuenta que la arquitectura entró en su vida antes de convertirse en una profesión. De niño acompañaba a su padre y a su tío a la oficina y a las obras; la obra era un lugar para mirar, preguntar y entender cómo una idea se vuelve materia. En la entrevista de Design Hunter recuerda también su primera casa, proyectada a los diecinueve años, antes de terminar la carrera.

Esa formación práctica explica una idea que vuelve en sus conversaciones: la teoría y la obra tienen que crecer juntas. El dibujo propone una relación; la construcción la pone a prueba. Una junta, una sombra o una altura pueden confirmar la intuición inicial o pedir una corrección. La arquitectura aparece entonces como una disciplina de atención continua.
El proyecto siguiente como pregunta
En el podcast Lo Creo, Lo Creo, Farré describe cada casa como la evolución de la siguiente. Después de entregar un proyecto, vuelve a recorrerlo a solas para reconocer lo que funcionó y lo que todavía podría ser mejor. No habla de repetir una fórmula, sino de llevar una pregunta de una obra a otra: cómo hacer más expresiva una casa con menos muros y más posibilidades de encuentro.
La que sigue — Antonio Farré, en la entrevista de Design Hunter
Cuando le preguntan por su obra maestra, responde con esas tres palabras. La frase no borra lo construido; desplaza la atención hacia el trabajo que aún falta. También explica por qué su archivo resulta tan variado: cada encargo es una ocasión para volver a medir la luz, el vacío, el jardín y la vida cotidiana.

Quitar hasta encontrar la fuerza
La simplificación, en su caso, no significa hacer espacios neutros. En la conversación de 2019 habla de quitar elementos sin perder la esencia ni la funcionalidad. La operación se puede observar en sus casas: una materialidad intensa convive con líneas de circulación legibles; una pieza de arte o una luminaria tiene espacio para ser percibida; un cambio de altura prepara una pausa.
Busco que con menos cosas pueda expresar más — Antonio Farré, entrevista publicada por Design Hunter
Casa LU es un buen ejemplo de esa tensión. La cantera, el vidrio, el jardín y la escultura de Jan Hendrix tienen una presencia fuerte, pero el recorrido no se vuelve un catálogo de objetos. Los elementos se espacian para que el aire, el sonido y la temperatura también formen parte de la experiencia.

Una arquitectura para las personas
El archivo de entrevistas del estudio reúne una frase que resume el propósito de esta práctica: los proyectos deben vivirse y formar parte del escenario de vida de sus usuarios. Esa idea cambia la pregunta inicial. Ya no se trata sólo de cómo se ve una casa desde fuera, sino de cómo se llega, dónde se conversa, qué vista acompaña una recámara y qué lugar permite que una familia se reúna sin que todo suceda en el mismo punto.
Por eso los pasillos, umbrales y cambios de luz tienen tanta importancia. Caminar no es un tiempo perdido entre habitaciones; es el modo en que la casa revela sus relaciones. En Casa SM, una terraza puede prolongar una sala hacia el viñedo. En Casa LU, el patio organiza la orientación y convierte el jardín en una presencia cotidiana.

La obra que sigue
Leer estas entrevistas junto a las casas permite reconocer una práctica que no depende de una imagen única. Hay materiales y gestos que regresan, pero cada proyecto los reorganiza alrededor de una forma de vida distinta. La obra no se cierra cuando se publica una fotografía: continúa en las preguntas que deja para el siguiente encargo.
Puedes seguir esa evolución en la ficha de Casa LU, en el ensayo sobre piedra, arte y jardín y en el recorrido de Casa SM frente al viñedo.


